jueves, 8 de septiembre de 2011

Clara

Lulú no era precisamente una jovencita cuando inició sus estudios universitarios, era una muchacha un poco mayor, aunque no mucho en realidad. Pero cuando conoció Clara tenía 26 años, y Clara tenía 34. Ambas habían tenido buena química desde el comienzo de ese semestre. Antriormente sólo se habían visto en los pasillos de la facultad de FACPYA, sin cruzar palabras ni nada. Cuando inició el semestre ambas descubrieron que llevaría tres materias juntas, ésto hizo que comenzaran una amistad no muy profunda. Conforme el semestre fue avanzando la amistad creció y profundizaron una en la otra, conociendo la vida de cada una, saliendo de vez en cuando a tomar algo, a bailar, a fiestas, se visitaban en sus casas, hacían tareas juntas, etcétera. No obstante haber tenido buena química desde el principio la amistad creció conforme avanzó el semestre. Así fue que de pronto Clara se quedaba en casa de Lulú y viceversa, pues ambas eran foráneas y podían tomarse más libertades de lo común. Platicaban de música, libros, exposiciones, conciertos, de todo; se les iban las horas hablando y hablando. De pronto descubrieron que siempre andaban juntas y compartían muchas actividades y gustos. Ninguna de las dos tenía novio desde hacía algún tiempo. Fue entonces cuando comenzaron las confidencias, ya que ambas sentían necesidad de estar con algun muchacho, pero no lo concretaban sin razón alguna. Y de ahí siguieron las bromas, luego los comentarios subidos de tono y toda clase de juegos al respecto.

Cierto día, cuando Lulú se estaba bañanado llegó Clara, que como tenía llave del departamento, entró sin problema alguno. Una vez dentro del departamento llamó a Lulú, quien desde el baño le respondio que pronto terminaría. Clara entró en la recámara y se sentó a esperar mientras leía una revista. Al poco rato Lulú entró envuelta en la toalla y se saludaron de beso. Clara sintió el vapor desprenderse del cuerpo de Lulú, vio la humedad e la piel y ésto la excitó. Después Lulú le confesaría que también ella sintió exictación en ese preciso momento. Pretextando fumar un cigarro, Clara salió de la pieza hacia la sala. Lulú se vistió y cuando terminó de arrglarse se unió a Clara. Ambas saldrían esa tarde a Galerías para comprar un regalo. Sin embargo, esa escapatoria no había servido de nada, pues Lulú se arregló de manera que Clara se sintiera atraída por ella, aún cuando suponía que Clara no la miraba de ninguna otra forma que no fuera amistad, y por su parte Clara, sintió una fuerte atracción por Lulú al verla salir de la habitación. Lulú se había puesto un pantalón a la cadera que dejaba muy bien que se notara la cintura, ligeramente suelto de las caderas y piernas, una blusa de tirantes, escotada, color naranja, que le llegaba al ombligo, mostrando completamente el vientre y su cintura tan sensual. Salió haciéndoce una cola de caballo y Clara notó su perfecta depilación de brazos y axilas. Luego advirtió el hipnótico escote que lucía Lulú y que hacía lucir sus menudos senos. Ninguna de las dos pensó, en aquél momento, que pudiera haber algo más que la amistad.

Pasaron la tarde comprando el regalo y aprovecharon estar en la plaza para ir a cenar. La conversación fluyó de manera natural y los comentarios en ningún momento fueron sexuales, sino la bromas de siempre. Sin embargo, cada una sentía deseos de poder tener aquella noche un acercamiento. Clara imagina a Lulú tendida en la cama, esperando, palpitante, a que la consumiera en besos y caricias. Y de igual forma Lulú se imaginaba siendo devorada por Clara. Ésta última, en verdad, no iba tan provocadora como Lulú, sin embargo, era una mujer atractiva, que además de eso, a Lulú le atraía cierto aire maduro de Clara. Platicaron de esto y aquello, como cualquier otro día. Caminaron un rato fuera del centro comercial, fumando, sintiendo el calor canicular de agosto. Cuando se sintieron cansadas tomaron un taxi y llegaron a casa de Lulú, que era más cerca que la de Clara. Ambas subieron al departamento y encendieron la televisión, sin en realidad verla. De pronto, con una sonrisa maliciosa preguntó Lulú:

- ¿Te quedas?
- Claro. Contestó Clara.

No pasó mucho tiempo cuando descuidadamente se tomaron de la mano, luego Clara atrajo a Lulú hacía su cuerpo. Ambas temblaron.Lulú recostó su cabeza sobre las piernas de Clara, ésta acarició suavemente el vientre de su joven amiga. Apagaron el televisor y se hundieron en una furia apasionada de recíproca pasión.